miércoles, 28 de abril de 2010

Burocracia, amiga

Domingo por la mañana me despierto al grito de: ¡Maite, no tienes pasaporte! Me levanté corriendo, mientras decidíamos qué hacer. Me vestí en aproximadamente un minuto y en dos ya estábamos papá y yo saliendo de casa rumbo a la policía para ver si me lo podían renovar de urgencia.

¿Cómo puede ocurrir que sabiendo de antemano que iba a hacer un viaje internacional no tuviera el pasaporte en regla? Bueno, ese tipo de cosas sólo me pasan a mi. Cuando sacamos el pasaje hace un tiempo nos dimos cuenta de que lo tenía vencido, pero no lo podía renovar porque estaba en Italia. Así que la idea era renovarlo cuando volviera a Bilbao, pero me olvidé completamente. Estaba demasiado ocupada divirtiéndome como para acordarme del pasaporte…

Llegamos a la Policía y estaba todo cerrado, lógicamente. Además, siendo al día siguiente lunes de pascua, tampoco iban a abrir. El policía que estaba ahí en la entrada nos informó que podía renovarlo en Barajas, donde tienen una comisaría especial para estos casos. El tema era que teníamos una hora y media para hacer la conexión, pero nos dijeron que seguramente se podía hacer.

Volvimos a casa un poco más aliviados, aunque no del todo. Aún nos quedaba preparar las valijas, así que nos pusimos en ello. El día trnscurrió normal, aunque con una carga nerviosa adicional.

El lunes tomamos el vuelo a Madrid sin casi ningún inconveniente. Despachamos las valijas a nombre de papá directamente a Buenos Aires para tener que hacer menos cosas en Barajas. Al llegar al aeropuerto en Madrid fuimos corriendo a comisaría, donde tuvimos que esperar un poco para que me hicieran la renovación, ya que había un par de personas antes que yo. Al terminar fuimos a que me dieran la tarjeta de embarque, aún quedaba media hora para que saliera el avión.

Llegamos al mostrador y le entrego la reserva del pasaje y el pasaporte al señor que estaba atendiendo. Me dice que no puedo subir al avión, que la facturación cierra una hora antes. Le ruego, le pido a ver si se puede hacer algo. Volvió a repetirme que no se podía hacer nada, así que yo me puse muy nerviosa medio llorando. Entonces es cuando este empleado se convirtió en alguien muy desubicado. Me empezó a decir: “Usted señorita cálmese”. Sabré yo si me calmo o no, encima de que me dice que no puedo subirme a un vuelo va a decirme también cómo tengo que sentirme y cómo actuar… Y después terminó desubicándose del todo cuando me dijo que él también era extranjero y que tenía todos los papeles en regla.

Hicimos el reclamo de las valijas y no sabíamos qué hacer después. Porque, además, como habíamos comprado el vuelo con puntos de Travel, al haber perdido ese se cancelaba todo el paquete. Afortunadamente dimos con otra empleada que era un angelito bajado del cielo que fue a hablar con sus jefes y nos mantuvieron la vuelta. Así que sólo tuvimos que comprar el vuelo de ida, desde Barajas a Buenos Aires.

El vuelo salía a las 01:00 de la mañana, así que teníamos como 10 horas de espera después de todo ese lio. Fuimos a comer algo y después no sabíamos que hacer. Estuvimos leyendo, escribiendo, estudiando… Y poco a poco fueron pasando las horas. Finalmente llegó el momento de subirse al avión y con un poco de nervios empezó la travesía.

En general el vuelo fue bueno y además pudimos dormir casi todo el tiempo, con lo cual se hizo más corto aún. Una horita antes de llegar, con los nervios a tope me cambié la camiseta y me maquillé un poco, preparándome para el encuentro tan esperado.

miércoles, 21 de abril de 2010

Quiero ser negra o, al menos, cubana.


El jueves había quedado con Miren, Silvia y Gabri a las 12.30 en Termibus para ir a comer. Nos encontramos y fuimos caminando despacito hacia Zubiarte, contándonos novedades, aunque Miren (y por extensión el resto de las chicas de la facu) me sigue día a día. Comimos unos menús de bocata muy ricos, pero lo mejor de todo era la compañía. Noté cuánto extrañaba nuestras charlas sobre nada, nuestras risas tontas sobre cualquier cosa, nuestros pensamientos filosóficos de la vida.

La noche anterior June me había comentado que iba a haber una fiesta cubana y ella tenía ganas de ir. Yo les había comentado a las chicas y parecía que había ganas en general. Mientras comíamos me llamó June y me dijo que el plan era ir a Santana 27 que había concierto de Los Van Van y después quedarse en la discoteca, que había fiesta cubana. No decidimos nada, porque nos faltaba Saioa, una amiga de Miren de la facultad que cabía la posibilidad de que viniera.

Miren habló con Saioa y fuimos a su casa, que quedaba cerquita. Estuvimos ahí casi toda la tarde. Yo hice una interrupción de la tarde en casa de Saioa para verlo a Eneko, que al día siguiente se iba a Ibiza. Estuvimos tomando un café en un bar muy lindo. Fue un reencuentro muy agradable, ya que hacía tiempo que no hablábamos y teníamos muchísimas cosas que contarnos y que comentar. Y Eneko, siento decirte que a pesar de todo lo que he mirado en Internet, no logro aclararme si Younge Street en Toronto es o no la más larga del mundo. He encontrado todo tipo de datos… ninguno del que pueda afirmar que me fío del todo (= discusión a terminar en un futuro con datos fiables).

Cuando volví a casa de Saioa, habían pedido unas pizzas, cenamos y como ellas iban a beber antes de salir y no les interesaba mucho ir al concierto, me fui con June.

Lo primero que nos sorprendió al entrar fue la media de las edades, normalmente está lleno de gente entre los 18 y los 22. Ese día la media era bastante más alta, nosotras eramos las pequeñas. Antes de que empezara el concierto nos dimos una vuelta, observando a la gente, bailando un poco y decidiendo dónde nos íbamos a colocar para ver el concierto. Nos pusimos adelante del todo, donde había unas vallas para apoyar las cosas. Estábamos bailando cuando reparamos en un chico negro, vestido con camisa blanca, con un puro en la mano y bailando maravillosamente bien con una chica. Era TAN cubano… Ese mismo chico, Gustavo, nos sacó a bailar y nos presentó a sus amigos. El concierto fue una lección acelerada de salsa, increíble. La forma en la que se mueven es envidiable, tanto ellos como ellas. En algunas partes del concierto hacían subir a gente al escenario a bailar y yo no podía creerlo.

Me enamoré definitivamente del acento cubano, pero sobre todo me encantó su forma de ligar. Y tengo un ejemplo para demostrar que no hay nada igual en todo el planeta. Un cubano ligando (es necesario leerlo con el canto dulce que le ponen a las palabras):

-Sabeh lo que tú tieneh?

-No

-Lo que a mi me falta, mami.

Después del concierto, estábamos agotadas de tanto bailar y salimos afuera a tomar aire, donde estaban Saioa, Miren y Silvia. Estuvimos un rato ahí hasta que terminaban de beber y volvimos a entrar, ahora las cinco. Mucha gente se estaba yendo, se ve que habían ido a ver el concierto. De todas formas seguimos bailando solas y con un montón de cubanos que nos sacaban a bailar. Cuando ya estábamos cansadas June se volvió a su casa y yo me quedé con Miren, Saioa y Silvia. Miren no estaba muy bien y nos costó convencerla para volver a casa, pero finalmente lo logramos y a eso de las 5 de la mañana estábamos todas en la casa de Saioa. Yo me metí en la cama con Silvia porque me estaba muriendo de frío… y descansé feliz.

Para que entren en ambiente les dejo una de las canciones que más me quedó del concierto:

El viernes no hice prácticamente nada, estaba muy cansada de la noche anterior y aproveché a estudiar algo. Aunque no me acuerdo mucho, supongo que no adelanté demasiado, estaba demasiado nerviosa por el viaje.

El sábado me levanté relativamente temprano para ir a Bilbao que había quedado con June para ir al mercado de los domingos de 2 de mayo. Me llevaron Mamina y papá, que ellos también tenían que ir a comprar unos pantalones. Como a la mañana había estado lloviendo bastante se había suspendido el mercado, pero después mejoró y abrieron sólo un par de puestos. Estuvimos dando una vuelta por ahí y después fuimos a comer al Casco Viejo. Después fuimos a su casa y escuchamos algo de música, hasta las 6 de la tarde más o menos que había quedado con Ixone y Guti.

Nos encontramos en nuestro lugar habitual y fuimos a pasear por la FNAC, que casi también es nuestro paseo habitual. Después dimos una vuelta y me acompañaron hasta donde tomo el autobús para volver a casa. Ese fue el fin de las salidas por Bilbao antes del viaje…

Tarde folklórica y demás…


A la mañana dormí, porque con Ane nos habíamos quedado charlando hasta tarde y estaba agotada después del viaje ajetreado que había tenido. Después de comer, hablar un poco con Gon y no hacer nada durante un rato, me vestí y fuimos con Ane y Mamina a Mungia a hacer un trámite del móvil de Ane. Después de eso, hasta las 18.00 no teníamos nada que hacer, así que estuvimos en la inmobiliaria charlando. La llamé a Oihane para quedar a tomar un café antes de ir a dantzas. Estuve esperándola en la entrada del Haritza y cuando llegó nos quedamos charlando un rato ahí. Mientras estábamos ahí pasaron Ane y Arantza que entraron con nosotras a tomar algo y charlar. Estuvimos poniéndonos un poco al día de las cosas de la vida y riéndonos mucho. Ane y Arantza se fueron, pero vinieron Xabitxu, Iker, Gorkita y la novia. Me estuvieron interrogando un poco sobre mi vida en Parma, y yo encantada les conté. Después fuimos a otro bar para quedar con más gente ya que después íbamos todos a dantzas. A las 20.30 fuimos al gimnasio y a ensayar. Fue una sensación extrañísima la de volver a un ensayo. Por una parte conocía a la gente, la dinámica de los ensayos, los bailes… pero por otra parte, hay nuevos integrantes, la gente ha cambiado y sin querer me sentí como si fuera volver al futuro. Era a la vez todo conocido y desconocido.

El miércoles tocó sesión de belleza por la mañana. Después de comer fuimos a Las Magnolias a visitar a Amama, Laurita y Miren, en compañía de Izeko. Amama estaba bastante bien, dentro de lo que cabe. Sin embargo a Laurita la encontré muy perdida, no me reconoció y fue muy triste.

Y por la tarde se suponía que iba a salir, a seguir quedando con gente, pero nadie podía quedar. Llamé a Aintzane, se iba a trabajar a Noja, Eneko, estaba sacando pasajes para Ibiza, Igor, se iba a León con los amigos, Ixone y Mikel no contestaban el teléfono… así que me volví a casa y me puse a hacer una traducción de un artículo que me está volviendo loca.

Estaba un poco embajonada, la tarde no había sido de las mejores, pero una llamada de Miren me alegró mucho. Quedamos a comer el jueves…

jueves, 8 de abril de 2010

Viajar es una aventura

Me levanté tempranito, con un dolor de cabeza tan fuerte que sentía que se me iba a partir en dos. Limpié la cocina, ordené un poco el cuarto y salí al centro a comprarle unas botas a Anetxu, que me había pedido. Volví a casa y terminé de hacer la valija que me faltaban un par de cosas por meter. Y me puse a preparar la comida porque venían Ana, Edu y Sabri a comer, a eso de las 13.30. Cuando llegaron Sara y yo teníamos casi todo listo, así que nos sentamos a la mesa y comimos rapidito, porque yo tenía que salir de casa temprano para tomar el tren.

Me encantó conocer a Edu, forma una pareja muy tierna con Sabri. Y a pesar de haber coincidido por muy poco tiempo se ve que la hace reír… ella parecía muy feliz, eso es lo que más importa.

Llegué con tiempo a la estación de tren y estuve esperando un rato al sol, hacía un día estupendo. Fui en el tren casi todo el viaje dormida, porque estaba muy cansada. El tren se retrasó un poco, así que al llegar a Milano Centrale fui rápido hacia los autobuses y llegué a uno que salía justo para Bérgamo. Pero había una cantidad de tráfico impresionante y en vez de tardar los 40-45 minutos que tarda habitualmente, fue como hora y cuarto de viaje. Eso implicó que llegase a las 18.10 al aeropuerto cuando mi vuelo salía a las 18.35, y aún me quedaba cambiarme de zapatos, sacar algunas cosas de la valija (que iba hasta arriba de cosas) y meter el bolso dentro. Todo lo corriendo posible pasé los controles y cuando tenía que buscar la puerta no encontraba ninguna pantalla, ya empezaba a desesperarme. Por fin encontré la pantalla con las puertas, pero estaba tan nerviosa (y subiba a unos tacones tan altos, porque no entraban en la valija) que no era capaz ni de leer las señales. Por un momento estuve a punto de ponerme a llorar, pero logré calmarme y darme cuenta de que si no reaccionaba, perdía el vuelo. Así que concentrando todas las neuronas en la ardua tarea de leer las señales del aeropuerto llegué a donde estaban realizando el embarque. Fui la última en subir al avión. Me coroné de gloria. Pero llegué.

El vuelo fue un poco terrible, sobre todo para las personas a las que no les gusta volar. La mitad del viaje hubo unas turbulencias bastante fuertes, de hecho, hubo un momento en el que creyeron que no íbamos a poder aterrizar en Santander y que nos iban a tener que desviar. Había vientos de unos 120 km/h, lo cual provocaba unas sacudidas tremendas arriba del avión. Yo iba sentada al lado de un padre e hija, una niña muy guapa que tenía 4 años (se lo pregunté después de aterrizar) y que estaba aterrorizada. En un momento, cuando el avión empezaba a descender y las turbulencias eran cada vez más fuertes, la niña empezó a gritar y algunos chicos de mi edad también. El resto del avión callado, un silencio sepulcral. Tras el aterrizaje, parecía que la gente había revivido, todos empezaron a hablar y a reirse, menudo alivio.

Y, por fin, después de dos meses y medio, volví a encontrarme con Papá, Mamina y Ane. ¡Qué ganas tenía de abrazarlos! El viaje en auto se hizo un poco largo, pero fue agradable volver a estar todos juntos. En casa, una maravillosa comida nos esperaba: pollo al horno con papas. Cenamos en familia y nos fuimos a dormir, Ane conmigo para poder charlar, por supuesto.

Bilbao volvió a recibirme con los brazos abiertos.

miércoles, 7 de abril de 2010

Piru + Oveja = FIESTA



El viernes de la semana siguiente a que se fuera June, faltando un día para la llegada de Edu (el novio de Sabri) y muy poco para mi ida a Buenos Aires, Sabri y yo nos fuimos de compras. Al principio pintaba medio mal, pero al final encontré unos shorts, una remera y unos pares de botas muy lindos. Paseamos un poco al sol y parecía que el día no podía ir a mejor.

Por la noche había plan de salir. No tenía muchas cosas que hacer o, mejor dicho, no tenía ganas de hacer la muchas cosas que tenía y decidí unirme. En principio era ir al Piru a tomar algo (ellos, yo prometí que nunca mais) y estar ahí con la gente. Estábamos bastantes a pesar de que mucha gente ya se había ido a casa por Pascua: Nau, Mario, Aday, Néstor, Perejo, Oveja, Salva, Ana, Sara, Sabri y yo. La música no era ninguna maravilla y cuando cerraron yo estaba ya muy cansada, con ganas de volver a casa. De repente, el plan era ir a la casa del oveja… y aunque tenía pensado irme aunque fuese sola a casa, me convencieron de que fuese. Y menos mal que lo hicieron porque me lo pasé genial.

Para llegar hasta la casa fui en la parte de atrás de una bici y pasó un rato largo, con muchas risas y conversaciones hasta llegar. Cuando llegamos nos sentamos todos alrededor de la mesa de la cocina a charlar sobre cosas de la vida y nos reímos mucho. A eso de las 5 de la mañana la gente estaba con hambre y todos estaban demasiado alegres como para ponerse a cocinar, así que hice pasta con salsa de tomate para la tropa. Comimos un poco cada uno y después de otro rato de charla nos marchamos de ahí.

Nuestra casa estaba muy lejos, así que las tres nos fuimos a la casa de los canarios a dormir. Sabri no paraba de hablar, después le dio a Nau y por fin a eso de las 7 de la mañana nos pudimos dormir. Aunque no pudimos dormir mucho, a las 10.30 de la mañana Sabri y yo estábamos despiertas para ir a imprimir unas cosas. Después de hacer todos los trámites, volvimos a casa y mi nueva estilista (Sabrinity) me ayudó a elegir la ropa para llevar a Buenos Aires. Y a la tardecita se fue de casa, a buscar a Edu que lleagaba a Milano.

Sábado y domingo trascurrieron rápido, entre hacer la valija, las visitas de Nau, la ensaladilla, el cafecito con la rubia, Nau y Sara en el bar de la esquina… Pareció que casi ni hubieran pasado. Y llegó el día de volver a casa…

El trío locuras y June en Parma



De las sorpresas más bonitas que me ha traido la rutina de Parma fue un lunes cualquiera cuando hablando con June en un rápido chat via gmail decidió venirme a visitar. Cuando lo supe me puse a dar saltos sistemáticamente, como siempre que estoy muy feliz. Durante la semana me mantuve ocupada con las cosas de la facultad y la nueva rutina, pero con la cabeza puesta en el viernes, cuando llegaba June. El jueves de esa semana las chicas se fueron de viaje a Budapest, así que me había quedado sola con toda la casa. Así que el viernes me dediqué a poner la casa un poco en órden y limpita.

Me vestí y a la tardecita me fui en tren desde Parma a Milano a esperarla en la estación de tren. En el tren empecé a leer “Postdata: Te quiero”, un libro que había leído Sabri y me dijo que era lindo. Como es habitual me dejé envolver por la historia y a pesar de que la historia en general era bastante triste, había partes muy cómicas, por lo que no dudé en sonreír o incluso reír de vez en cuando. El chico que estaba sentado en frente debe haberse quedado algo sorprendido porque cuando ya estaba un poco cansada de leer y fui a guardarlo en la mochila, me preguntó a ver qué era lo que leía que me estaba haciendo reír así. Le dije cuál era el libro, pero que no iba a entender porque estaba en castellano… y una cosa llevó a la otra, terminamos hablando durante el resto del viaje y tomando un café en la estación. Después me quedé leyendo hasta que se hiciera la hora de llegada. Y por fin llegó el momento de ¡volver a abrazar a mi amiga! ¡Tenía tantas ganas de verla!

Nos tomamos un taxi. María que fue compañera y amiga mía en el colegio, iba a alojarnos en su actual casa en Milano. Al llegar nos encontramos en la casa de María con ella y dos amigas suyas, Vivian y Joyce. Vivian de 19 años, de origen francés, un personaje andante. Joyce, de unos 23 años (datos sin rigor científico), originaria de El Salvador pero ya hace unos 7 años viviendo en San Francisco, podría describirla como “Oh yeah”.

Cuando llegamos ya estaban bebiendo y preparadas para salir. Pusimos un poco de música latina y Joyce que sabía bailar nos estuvo dando clases aceleradas de todo tipo: merengue, samba, salsa, cumbia. Salimos en plan pobre porque ninguna teníamos mucha plata… ellas habían hecho trabajo de investigación y habían averiguado algunos lugares en los que no había que pagar entrada. Al primero que fuimos no nos convenció mucho, pero el segundo lugar era muy agradable. La música era bastante variada, desde funky hasta salsita, todo muy bailable. Joyce bailando nos hacía morir de la risa y casi de la admiración. Los babosos italianos intentaban bailar con ella al ver cómo se movía, ella se dejaba sacar, les bailaba un poco (porque ellos no eran capaces de dar cuatro pasos seguidos) y después se giraba con aires de grandeza y los dejaba ahí, tirados, mirándola, sin poder creer. Quizá no suene tan desternillante como lo era estando ahí, pero lo era, de verdad de la buena. Cuando cerró ese local a eso de las 4 de la mañana, June y yo estábamos bastante cansadas y no había consenso sobre lo que hacer, así que decimos irnos a la casa de María. Vivian ya se había ido antes, porque estaba un poco triste. Llegamos a eso de las 4.30 a la casa de María y June me dio el regalo que tenía para mi: ¡Los sótanos del mundo por Ander Izagirre, con una dedicatoria del autor!¡Cómo me gustó ese libro!¡Y tenerlo con la dedicatoria de Ander es todo un honor!

Armamos el sofá cama, charlamos un rato y a dormir… que para cuando nos pusimos a dormir serían como las 5.30 o 6 de la mañana. A eso de las 8 de la mañana tocan el timbre, despertándonos para que abriésemos la puerta. Entra en la casa Joyce sola. Me quedé bastante sorprendida y le pregunté por María, pero dijo que se habían perdido que pensaba que ya estaría en casa. Se puso a contarle en su inglés “Oh yeah” a Vivian lo que le había pasado esa noche, era como escuchar a un personaje de una serie americana. Después le dio por ponerse a cocinar berenjenas. Cuando por fin se puso a dormir serían como las 9 de la mañana… y para las 10 tocaban el timbre otra vez. Esta vez era María que entró en la casa de forma muy sigilosa como intentando no despertarnos a June y a mi. Nos dijo que Joyce la había dejado tirada y parecía bastante enojada. Sube las escaleras a la parte de arriba que balconea sobre el salón y que era donde dormían Vivian y Joyce, prende la luz y grita: “JOYCE, PUTA!” unas 3 o 4 veces, intentando que ésta se despierte. Y después se gira y nos dice: “Chicas, lo siento, os he encendido la luz”. Porque claro, no podíamos dormir por la luz y no por los aullidos que le estaba pegando a la otra. Un puntazo de gente.

A las 12 nos despertamos y fuimos a recorrer la ciudad. El Duomo, leímos que es el tercer templo católico más grande del mundo y realmente es impresionante, tanto por dentro como por fuera. Después seguimos la ruta habitual y cruzamos por las galerías Vittorio Emmanuele II, mirando de lejos las tiendas y si acaso acercándonos para horrorizarnos con los precios. Del otro lado, frente a la plaza la Scala de Milán, una verdadera decepción como edificio por fuera, aunque dicen que las maravillas se encuentran dentro. A esas alturas ya andábamos un poco hambrientas y fuimos al Luini’s a comer unos panzerotti, que tienen mucha fama. Volvimos a la plaza del Duomo donde me sorprendió encontrar una bajada de metro en la cual cada escalón de las escaleras era una nota de un piano. Me pareció divertido, diferente.

Después estuvimos en el castillo, que es toda una decepción ya que su aspecto es medieval pero su construcción data del siglo XIX o XX. Al menos los jardines eran agradables. Y como no nos quedaban monumentos importantes por ver, decidimos callejear, lo cual nos salió de maravilla porque disfrutamos las callejuelas y los bares, y finalmente sin quererlo llegamos a la zona de la casa de María donde teníamos que recoger las valijas para irnos a Parma.

Nos fuimos a la estación de tren donde tuvimos que esperar como una hora para que saliera el tren, después hora y media de viaje, así que para cuando llegamos a Parma estábamos agotadas. Dormimos largo y tendido, hasta las 12 del día siguiente. Aunque el día no era espléndido, al menos no llovía así que salimos con mi bici y la de Sara (que estaba en Budapest) a recorrer la ciudad. Estuvimos en el centro, seguimos por D’Azeglio, donde había un mercado muy lindo y buscamos un lugar donde comer. Después seguimos paseando por el Parco Ducale y volvimos a casa a descansar un poco. A la noche fuimos a hacer el aperitivo y la llamé a Maira a ver si quería venir, para conocerla a June. A pesar de que estaba muy cansada vino y estuvo con nosotras y después nos invitó a tomar un té a su casa. Lo pasé muy bien, con mis dos amigas juntas.

Al día siguiente no salimos porque el día estaba horrible, así que nos quedamos en casa. Mientras June me hacía alguna que otra demostración de funky y me intentó enseñar algo de danza del vientre, lo cual fue muy divertido. A las 13.00 la acompañé a que tomará el tren y se fue…

Dejándome, como siempre que estoy con ella, con una alegría indescriptible y esta vez, además, agradecida por haber venido a verme a mi otro pequeño mundo.


=)