

El 27 trajo mucho consigo. Empezó temprano, porque había bajada en puerto y en uno muy importante: Río de Janeiro. Teníamos que encontrarnos con Nora, amiga de Nerea, que iba a subir ahí porque había decidido pasar la Navidad con su familia. Al principio no lográbamos contactar con ella y no sabíamos si contratar una excursión o no. Pero al final todo salió bien, nos encontramos con Nora, ella embarcó y se quedaba en el barco y nosotras tres contratamos una excursión para conocer un poco Río. Nos metieron a unas 10 personas en una combi y al primer lugar que nos llevaron fue al Corcovado. Se tardaba muchísimo en subir porque el tráfico era impresionante, pero yo podía disfrutar de cada momento. Al lado de la ventana, podía observar la maravillosa naturaleza que rodea el camino hacia la cima donde está el monumento. Sé que sonará repetitivo, pero creo que es de las cosas más alucinantes que he visto nunca: la naturaleza brasileña.
Arriba, se erige el enorme monumento y se pueden apreciar unas vistas maravillosas de toda la ciudad. Se ven los enormes edificios, las favelas y la geomorfología tan particular de Río de Janeiro. Salientes de tierra que se meten en el mar y parece que éste va a tragársela, montañas y valles, cemento y naturaleza. Una belleza.
Subimos nuevamente en la combi que nos lleva a recorrer las playas, pasamos al lado de Leblón pero paramos en Copacabana. Ane y yo, a pesar del calor que hacía y de que la arena estaba ardiendo quisimos acercarnos a la orilla… para poder decir que tocamos mar de Río. Fuimos hasta la orilla, tocamos el agua calentita y volvimos corriendo, llenas de arena en los pies volvimos a subir en la combi y nos dirigimos hacia el Pão de Açúcar.
Por lo visto hay dos versiones sobre el origen del nombre de este lugar. Preguntamos porque nosotras pensábamos que el nombre hacía referencia a la forma que tomaban los montículos de azúcar para exportarlos. Sin embargo preguntamos y nos comenta una señora que el nombre deriva de una palabra que significa “alta colina” (esto lo busqué porque no me acordaba lo que nos había dicho la señora, al leerlo me acordé) en la lengua de los indígenas.
Y vuelta a la combi y al barco. Probablemente habremos ido a las reposeras a tomar un poco de sol y a meternos en la pileta. Y después a disfrutar de la salida de Río (en la foto se ve el Pão de Açúcar), con unas vistas maravillosas. Esa noche como el resto, nos cambiamos para ir al teatro y después al Cotton Club, salón donde había juegos y clases de baile. Esa noche había un juego: “el juego de la amistad”, éste consistía en que ponían música y había que bailar, de repente uno de los chicos del equipo de animación decía un número y tenías que juntarte con otra gente formando grupos. Yo entré a jugar con Nere y al principio era fácil porque estábamos mucha gente y decía números bajitos. Después a medida que la gente iba siendo eliminada y quedábamos menos, se iba complicando. En una de esas fue cuando dijo “Cuatro!” y Nere y yo nos juntamos con otros dos chicos. Eran argentinos también y nos presentamos… (la relevancia de este hecho podrá comprobarse más adelante).
Después de dos días seguidos de hacer puerto, uno de navegación no venía nada mal. Parecerá casi un chiste, pero los días que bajábamos a puerto eran cansadores, consistían en pegarnos un madrugón y caminar bajo un sol abrasador, con unas temperaturas altísimas y, a pesar de que lo único que hacíamos era turismo, terminábamos cansadas.
Del día 28 no recuerdo muchos detalles. Pero sí recuerdo que hacía mucho calor y un sol espectacular. Estábamos con Ane en las reposeras cuando se pusieron a hablar con nosotras unos chicos argentinos, Florencia y Gonzalo, que habíamos conocido la noche anterior y su hermano más chico Rodrigo. Simpatizamos desde el primer momento y nos pasamos toda la tarde ahí, con ellos y con Alena una chica brasileña que ellos habían conocido también el día anterior. Nos lo pasamos genial! Ane y yo nos quedamos muy contentas de haber formado un grupito tan agradable. Quedamos en ir todos juntos en Bahía al día siguiente y aunque Alena ya conocía se anotó a la excursión con nosotros porque su madre iba a visitar a una amiga.
En la excursión, organizada por la compañía del crucero, nos llevaban en el autobús, con un guía que iba hablando. Hicimos varias paradas y no recuerdo muy bien el orden. Hicimos una parada en la Igreja de Nosso Senhor do Bonfim que era preciosa. Aunque era impresionante la forma en la que los vendedores ambulantes te encaraban para que les comprases, una venta tan agresiva que resulta desagradable y, por otra parte, tan triste. No por el hecho de que estén ahí vendiendo pulseritas y souvenirs de la iglesia, sino por las condiciones en las que lo hacen. Con 40 grados de temperatura y se dedican a correr detrás de la gente, cargados con todo el material que quieren vender, con la desesperación en la cara. En otra de las paradas que fue el Pelourinho una de estas vendedoras intentó engatusar a Flor, diciéndole que le regalaba una pulserita del Senhor do Bonfim primero y después obligándola prácticamente a que comprase unos collares o pulseras. Cuando dijo que no iba a comprarle la señora se enojó mucho y le hizo devolverle la pulserita que le había colocado en la muñeca ella misma. Yo me acerqué y le dije a la señora como que se tranquilizase, que ella era la que le había regalado la pulserita y que no podía obligar a nadie a que le comprase. Nunca me voy a olvidar de su mirada, me dijo que lo hacía por necesidad, que con eso alimentaba a sus hijos, que tenía que ser avispada y utilizar los trucos que pudiera. Flor le devolvió la pulsera y seguimos camino, con un poco más de entendimiento y de dolor también.
Hablando de dolor, parecía que mis días no me daban tregua y estaba muriéndome de dolor. A pesar de haber disfrutado Bahía a lo grande, porque me pareció una ciudad de lo más hermosa, no pude saborearla lo debido gracias a los terribles dolores que tenía y que casi no me dejaban caminar.
El Pelourinho era precioso y aunque mi memoria no alcanza para recordar lo que decía el guía (además de que no le entendía la mitad), buscando un poco y haciendo memoria encontré que esta palabra se refiere a una columna de piedra donde se castigaban a los esclavos mediante azotes en la antigua colonia. Después de ser abolida la esclavitud el lugar se fue transformando y actualmente se ha convertido en un centro cultural. Las calles están llenas de tiendas con pinturas y esculturas, los colores llamativos y las bahianas con sus miriñaques, el arte y el espíritu tropical, que siempre te dejan con ganas de más.
También visitamos la Iglesia de San Francisco, que data de la primera mitad del siglo XVIII y cuya decoración barroca es para dejar a cualquiera con la boca abierta. No me acuerdo la cantidad de oro que tenía, pero sé que era una cantidad alucinante…
Bajamos desde la parte alta de la ciudad que era donde habíamos estado de momento en un ascensor que es famoso. Había una cola tremenda, y tuvimos que esperar un rato… Ya abajo nos dejaron ir a ver el mercado. Nos separamos todos y estuvimos mirando cuadritos, souvenirs y postales. Yo me empecé a marear y a agobiar con el calor y la gente, así que Nora me dijo que saliéramos afuera un poco, nos tomamos un refresco y después volvimos a seguir dando vueltas un ratito. El mercado era precioso, había desde paños, ropa de un algodón espectacular, hasta cuadros y estatuitas, postales, collares y pulseras. Otra de las cosas curiosas es que el arte brasileño tiene una gran influencia africana que trajeron consigo los esclavos de la época de la colonia. Te deja un buen sabor de boca el variado de los materiales, la calidad de los artistas, el ir y venir de la gente, los colores vivos de los cuadros y el color oscuro de la madera.
Después nos llevaron nuevamente al puerto y volvimos a embarcar. Yo con gran pena de no haber disfrutado del todo por mis dolores, pero contenta por haber estado en esa ciudad tan hermosa. Esa fue una tarde tranquila en el barco, de reposo y tranquilidad, con buena compañía a la que ya empezábamos a acostumbrarnos y con muchas risas.
El día 30 no recuerdo exactamente lo que hicimos, pero seguramente fue un día de relax, tomando sol y disfrutando de los juegos del equipo de animación, seguramente unos cuantos bailes. De la noche recuerdo el "Buffet Magnifico", donde la cantidad de comida era excesiva hasta el punto de dar asco. Y, cómo no, fiesta y baile en la cubierta, donde lo pasamos genial con los chicos, como siempre.
... Próximamente Crucero. Parte III
Nota al pie de página para la usuaria habitual de este blog la señorita Ixone Larizgoitia (respondiendo a sus cuestiones):
Un pesebre con bebé y todo, solamente que el bebé era un chico crecidito. Había buey y mula creo, o vaca y burro (que en definitiva son lo mismo). Casting? No. El director no es muy justo y repite siempre los mismos papeles (yo que quería ser el ángel!), los del equipo de animación siempre se llevan los papeles interesantes, los demás sólo podíamos mirar y aplaudir. Es lo que nos queda a los pobres pasajeros… Espero esta información haya sido de su interés.
Un beijo, mua!