Tuvimos un último día del año muy singular, distinto a los de Bilbao por el calor, distinto a los de Argentina por la compañía y las experiencias. Tan temprano como fue posible bajamos del barco en Buzios. La idea era recorrer un poco el pueblo, que era bastante chiquito y después irnos a la playa. El problema es que además teníamos que llamar por teléfono a familia y amigos porque ya llevábamos días sin contactar. Y, en realidad, eso podríamos haberlo hecho en un momento, pero no encontrábamos abierto ningún locutorio y después nadie nos contestaba el teléfono. Así que seguimos dando vueltas por ahí, nos tomamos un refresco en una terracita… Vuelta a intentar usar el teléfono… El tema es que así perdimos toda la mañana, tanto que llegó la hora a la que teníamos que volver a subir al barco nuevamente. Ya en el barco más relajadas, nos dedicamos a hacer nada. El día estaba horrible, lloviendo muchísimo, con unos vientos impresionantes. Con los chicos, viendo que afuera estaba insoportable, nos fuimos al cuarto de Flor a jugar a cartas y nos divertimos muchísimo.
Los del equipo de animación la tarde anterior se habían dedicado a hacer unos carteles con los deseos del año nuevo que habían colgado de la barandilla que daba al deck. Del viento que había se rompieron todos y tuvieron que sacarlos. Las previsiones decían que esa noche iba a estar terrible y que probablemente las cosas que tenían programadas en el barco las iban a tener que cambiar.
Pero para cuando llegamos frente a Copacabana, el tiempo había cambiado. Continuaba habiendo una brisa agradable, pero no hacía frío y afortunadamente no llovía. Había unos 7 u 8 barcos frente a Copacabana, playa de Río muy famosa por sus fuegos de fin de año.
En Nochevieja había gala de blanco. El significado de esta tradición brasileña es que ese color representa la paz e ir vestido de ese color es como atraerla para el año siguiente. Hay otros colores que también tienen significado: rojo = pasión, rosa = amor, azul = salud, verde = esperanza, naranja = trabajo… Pero, dato imprescindible, color prohibido de nochevieja: el negro.
Después de arreglarnos fuimos al comedor para cenar y a mi me agarró un dolor de cabeza terrible, con muchas ganas de vomitar, así que me tomé un calmante y me fui a recostar a ver si se me pasaba. La verdad es que no pintaba muy bien, pero no quería terminar así el año. Después de cenar me vinieron a buscar las chicas al cuarto, me levanté y ya me sentía mejor con una horita de sueño y la pastilla que me había hecho efecto al parecer.
Al subir al deck nos daban tres flores blancas que la tradición manda que hay que tirarlas al agua y por cada una hay que pedir un deseo. Esto lo implementaron este año como medida para evitar la contaminación, ya que antes lo hacían tirando globos con helio al aire. La verdad que me parece mucho más emocionante y natural el tema de las flores. Me encantó ver mis flores caer, volando con el viento que las mantenía en el aire por un tiempo…
Tras una cuenta atrás conjunta, los fuegos artificiales en la playa de Copacabana empezaron a estallar. Una cosa que detesto de los fuegos (no me gustan en general, pero esto lo detesto) es el ruido que hacen cuando estás relativamente cerca y a veces aún hasta de lejos. Esta vez estábamos bastante lejos y no se escuchaban los ruidos, eso me causo una satisfacción especial. Estar ahí con toda la gente, mirando esos fuegos (los más lindos que vi nunca), deseando un año lleno de cosas hermosas, fue realmente bonito.
Cuando terminaron los fuegos, que duraron como 20 minutos bajamos nuevamente al deck a la fiesta. No hay palabras para decir lo bien que me lo pasé. Sin parar de bailar en toda la noche, con todo el mundo, riéndonos y charlando, sacándonos muchas fotos. Mucha gente se retiró relativamente temprano (2 o 3 de la mañana) porque al día siguiente hacíamos puerto. Nosotros, nos quedamos hasta las 6 bailando en el deck y después una hora esperando que abrieran el buffet para desayunar. Cuando terminamos volamos a los camarotes, desechos y con una hora para dormir.
Primer puerto del año: Ilha Grande. Uno de los lugares que al recordar me provoca las sensaciones más contradictorias que jamás haya sentido. Como su nombre indica es una isla de tamaño considerable, cuyo centro se compone de aproximadamente 3 o 4 negocios, 5 casas y un par de negocios que arman excursiones por la isla. Tras un fallido intento de ir a la playa Lopes Mendes (nos intentaron timar), decidimos ir por nuestra cuenta a otra playa más cercana. Para ir a la playa teníamos que caminar un poco y meternos en el Parque Natural que conformaba la mayor parte de la isla (menos una partecita que era donde estaba el “centro”). Nuevamente tengo que decir que me quedé maravillada. Esta vez no sólo con las plantas sino también con los insectos. Había unas hormigas que medían al menos 1 cm de largo! Lamentablemente el día anterior había habido un temporal que produjo desprendimientos de tierra, con 30 muertos en la isla. Esto hacía que las playas estuvieran llenas de hojas y palitos, de tierra y piedritas. Donde nos quedamos nosotras la playa era muy estrecha, el agua estaba sucia, el sol no perdonaba y la sombra no existía. Para colmo de males estaba subiendo la marea. Nos dimos cuenta que teníamos que levantar campamento cuando estando acostadas tomando sol de repente el agua nos alcanzó hasta la panza, no sólo mojándonos sino llenándonos de arena y la porquería que traía el agua.
Con las toallas empapadas y llenas de arena al hombro partimos nuevamente hacia el pueblo para volver al barco. Llegamos a un lugar donde veíamos que la gente se había puesto a correr y pensamos que podía ser que hubiera mosquitos, así que decidimos armarnos con las toallas e ir pegando al aire alrededor para espantarlos. Con nuestra gran solución en mente y las armas en las manos nos dirijimos hacia lo que más tarde serían puros escalofríos en todo el cuerpo. Por lo visto no eran mosquitos, o sí, desde luego que entomóloga no soy. Pero eran unos insectos de aspecto entre mosca y mosquito que tenían la particular característica de meterse entre el pelo y de picar con toda su alma, provocando un dolor terrible. Yo sentía que me estaba volviendo loca, corriendo por el camino, intentando desesperadamente sacarme esos bichos que me estaban picando por todas partes. En el camino había ojotas y anteojos de sol tirados, que la gente no volvía a recoger. Por más que avanzábamos no se terminaban de ir, porque se habían quedado pegados a las toallas y volvían una y otra vez a atacarnos. Al llegar a la entrada al Parque Natural disminuyó la cantidad, pero entonces nos empezamos a preocupar un poco sobre los efectos que podían causar semejantes picaduras. Así que me acerqué a una señora a preguntarle y me dijo que no pasaba nada, que ni siquiera salían ronchas. Y menos mal, porque sino hubiéramos sido unas personas-roncha. Volvimos directamente al barco, con un sabor agridulce (en ese instante más agrio que dulce) sobre este lugar.
En el barco fuimos directamente a la parte de arriba a darnos una ducha de agua dulce y a meternos en la pileta para sacarnos todo el estrés de la corrida huyendo de los mosquitos asesinos. Después pasamos la tarde con los chicos, haciendo quiz, jugando en el deck, bailando… Aún quedaba algo del primer día del año por vivir…
La próxima será!
Un beso, con B de “Baby, I love you”
PD: Y ahora que aprendí cómo se hace les dejo una de las canciones que marcó nuestra vida en el crucero. Ivete Sangalo con su Ilumina =)

Joe con los mosquitos asesinos XD, vas a tener que estudiar entomología como especialidad, y volver allí a estudiar esas cosas XD
ResponderEliminarMuaksss