Aún quedaba algo del primer día del año por vivir…
Esa noche mis hormonas me la jugaron, como habitualmente y estaba mimosina. Fuimos después de cenar a la discoteca como normalmente a sentarnos en nuestros sillones del fondo. Yo me senté al lado de Ane, con ganas de que me mimase un poco, que me diera muchos abrazos, pero al parecer no estaba muy receptiva. Me enojé un poco porque no me hacía caso y mis hormonas me hacen ser malhumorada, y me fui a sentar en frente de Gonzalo. Estaba agotada, después de varios días de dormir muy poco y se me empezaban a cerrar los ojos. Gonzalo, intentando que no me durmiera me empezó a hacer cosquillas en los pies, que estaban al lado suyo. Me agarró la mano y empezó a hacerme caricias… Y me sentí acompañada, mimada. Nos pasamos acariciándonos las manos mucho tiempo hasta que nos fuimos a dormir. Ahí empezó todo…
Al día siguiente hacíamos puerto en Río de Janeiro, nuestro último puerto antes de la vuelta a casa. Yo tenía muchas ganas de conocer la playa de Ipanema, tenía que conocer el lugar donde se desarrolla una de las primeras canciones brasileñas que me enamoraron:
Y ahí estuvimos, en esa hermosa playa donde el sol abrasaba la piel, tanto que era imposible estar al sol más de 10 minutos seguidos. Estábamos tanto debajo de la sombrilla como metidas en el agua. El único problema era que el agua estaba muy revoltosa, muchas olas muy fuertes y estaba difícil para salir. Así que nuestra dinámica en el agua era entrar, permanecer dos minutos (o menos) y volver a salir. Después a las 14.00 más o menos fuimos a comer y tomar algo, antes de volver al barco. Nos tomamos unos sandwichitos de jamón y queso y unos jugos de naranja que estaban muy ricos. Después tomamos el colectivo para volver al puerto a embarcar.
Durante todo el día me pasé con ganas de hablar con Ane sobre lo que había pasado la noche anterior con Gonzalo, pero parecía que no me seguía el hilo. Así que silenciosamente pasé todo el día pensando en él, recordando las caricias y esperando el próximo encuentro con él.
Éste ocurriría esa misma tarde, ya de vuelta en el barco. Nos encontramos en las piletas y fuimos a meternos todos en el yacuzzi. Se estaba genial, con el agua calentita y los chorros de agua por todas partes. Además, la compañía era inmejorable. Después estuvimos haciendo los bailes de grupo en el deck, divirtiéndonos mucho, como siempre. Tras unos buenos bailoteos, estábamos cansados, tomamos unos jugos de frutas y Manu sugirió que fuéramos a la proa. Ella ya había estado, tanto en éste como en otros cruceros, y dijo que era hermoso. Tardamos un rato en encontrarla, pero finalmente lo logramos y allá fuimos. Primero nos sacamos algunas fotos todos juntos en la parte de abajo y después alguna que otra en la parte de arriba.
En cierto momento Flor sugirió que jugásemos a las cartas ahí y propuso ir a buscarlas. De a poco todos fueron entendiendo cuál era el objetivo final de esa propuesta, dejarnos a Gon y a mi solos, y fueron bajando con ella. Así que finalmente nos quedamos él y yo.
Frente a nosotros se desplegaba el mar infinito, el agua en movimiento, azul, brillante, espléndida. Hacia la izquierda el sol empezaba a caer, de color naranja fuerte, tiñendo por zonas el cielo y el mar. Entonces, nos miramos y nos dimos nuestro primer beso. Suave, tierno, inolvidable. Después nos quedamos abrazados, observando el maravilloso atardecer al que aún le quedaba por regalarnos un pequeño espectáculo de la naturaleza. De repente, al costado del barco unos cuantos delfines empezaron a saltar… Fue la cerecita que le faltaba al pastel para hacerlo totalmente mágico.
Después de estar otro rato más ahí, fuimos a buscar al resto que no habían vuelto más. Fuimos al deck y nos encontramos con Juan, el padre de Gonzalo, que estaba con más gente. Fue una situación muy graciosa, todos parecían saber lo que había pasado, supongo que también nuestras caras de felicidad nos delataban. Pero además se pusieron a hacerme una especie de cuestionario, parecía un examen.
Llamamos al camarote y Gonzalo habló con Rodri para ver dónde estaban nuestras cosas, que las habíamos dejado en la pileta y no sabíamos quién las tenía. Las cosas de cada uno estaban en los camarotes respectivos y como ya era un poco tarde fuimos a bañarnos, que después había quiz de películas.
Los chicos del equipo de animación que ya estaban cansados de vernos ganar contínuamente nos decían que iban a cambiar las canciones de las películas que teníamos que adivinar o que sino no ibamos a poder jugar. Cumplieron las amenazas y cambiaron el orden de algunas y las canciones de otras, pero nuestro equipo era de los mejores… ganamos igualmente. Nadie podía creerlo, pero reafirmamos nuestra superioridad en los quiz y volvimos a ganar una remera del MSC.
Con eso y la cena, todos estábamos un poco cansados y queríamos irnos a dormir. Pero Manu tenía ganas de ir a la discoteca y los demás decidimos ir con ella. Después ella desapareció, Ane y Flor se fueron a dormir, y nos quedamos Gon y yo solos. Estuvimos hablando hasta que el sol se cansó de nosotros y salió con sigilo por entre las olas, para deleitarnos con su belleza.
Los dos días siguientes eran de navegación, así que nos dedicamos a hacer vida de relax. A la tardecita del día 3 hubo un torneo de ping pong en el que participaron Rodri y Gon (y perdieron =O) y después estuvimos esperando para jugar al metegol/futbolín. Con Gonzalo nos quedamos en unas escaleras charlando antes de ir a ducharnos y vestirnos para la gala de esa noche. La gala, en realidad, era de los que se habían subido el día anterior en Río y ellos tenían que estar preparados para las 7, así que mientras nosotros estábamos ahí hablando y riéndonos, pasaban los brasileños muy elegantes y se quedaban mirándonos tipo: “zarrapastrosos!”. Estuvimos un rato y después nos fuimos a cambiar. Creo que en el Cotton Club hubo clases de baile y después, como siempre nos fuimos a la discoteca.
El día 4 amaneció horrible, nublado y lluvioso. Comimos con Giuseppe, lo cual fue muy divertido. Estuvimos hablando de su compañera de canto, contaba que no era tan emocionante cantar “Vivo per lei” con esta señora que tenía como 15 años más que él, que con la chica que lo hacía antes que tenía 25 y era preciosa. Entonces nos hacía la representación de cómo cantaba con una y con otra, por más que lo intente describir con palabras jamás se parecerá a lo que hacía este hombre. Nos hacía morir de la risa! Además pude hablar un poco de italiano con él, lo cual fue muy divertido.
Como el día estaba tan feo decidimos irnos adentro y buscar algún juego de mesa, para matar las horas. Sacamos un pictionary que era terriblemente aburrido y a los 20 minutos ya estábamos todos cansados de jugar. Así que alguien propuso que jugásemos al minigolf, ya que había empezado a salir un poco el sol. Y allá fuimos a probar nuestra destreza con los palos... la de Ane y mía, desde luego, muy poca. Perdimos como las mejores, aunque también nos reímos muchísimo.
Esa noche teníamos la idea de que no iba a dormir nadie, que nos íbamos a quedar todos en la discoteca disfrutando de nuestro último día. Después de una “fiesta” de despedida en el Carusso Lounge, donde estuvimos bailando muchísimo, fuimos allá. Yo estaba agotada y me quedé dormida con Gonzalo en uno de los sillones de la discoteca. Después me volví a despertar y estuvimos riéndonos y sacándonos fotos con Ane y Flor. Cuando nos dimos cuenta que todos estábamos demasiado cansados para seguir ahí, levantamos campamento y nos fuimos todos al cuarto de Flor, con la idea de pasar aunque fuese la última noche todos juntos de alguna forma. Así que nos acostamos todos en la cama de Flor y a dormir un poquito, hasta las 7 de la mañana que teníamos que empezar a prepararnos para el desembarque.
La bajada en Buenos Aires no tuvo mayores incidentes. Nos despedimos de todos fugazmente, con la idea de volver a vernos esa noche en la fiesta con empanadas en la casa de Koldo.
Ese fue el fin del viaje en crucero. Y el principio de algo más grande. Sobre el final ¿qué decir? Fue una experiencia inolvidable, conocí lugares maravillosos, vi la naturaleza más espectacular que existe, disfruté bailando en cada momento, del sol, de la gente. Compartí momentos únicos con Ane, con Nere, conocí a Nora, a Manu y a los chicos. ¿Y sobre el principio? Poco hay para decir… tan sólo fue un principio (mágico sí, pero un principio). Es todo lo que viene después lo que lo hace tan especial como es. Y estará presente de ahora en adelante…
<3



