De las sorpresas más bonitas que me ha traido la rutina de Parma fue un lunes cualquiera cuando hablando con June en un rápido chat via gmail decidió venirme a visitar. Cuando lo supe me puse a dar saltos sistemáticamente, como siempre que estoy muy feliz. Durante la semana me mantuve ocupada con las cosas de la facultad y la nueva rutina, pero con la cabeza puesta en el viernes, cuando llegaba June. El jueves de esa semana las chicas se fueron de viaje a Budapest, así que me había quedado sola con toda la casa. Así que el viernes me dediqué a poner la casa un poco en órden y limpita.
Me vestí y a la tardecita me fui en tren desde Parma a Milano a esperarla en la estación de tren. En el tren empecé a leer “Postdata: Te quiero”, un libro que había leído Sabri y me dijo que era lindo. Como es habitual me dejé envolver por la historia y a pesar de que la historia en general era bastante triste, había partes muy cómicas, por lo que no dudé en sonreír o incluso reír de vez en cuando. El chico que estaba sentado en frente debe haberse quedado algo sorprendido porque cuando ya estaba un poco cansada de leer y fui a guardarlo en la mochila, me preguntó a ver qué era lo que leía que me estaba haciendo reír así. Le dije cuál era el libro, pero que no iba a entender porque estaba en castellano… y una cosa llevó a la otra, terminamos hablando durante el resto del viaje y tomando un café en la estación. Después me quedé leyendo hasta que se hiciera la hora de llegada. Y por fin llegó el momento de ¡volver a abrazar a mi amiga! ¡Tenía tantas ganas de verla!
Nos tomamos un taxi. María que fue compañera y amiga mía en el colegio, iba a alojarnos en su actual casa en Milano. Al llegar nos encontramos en la casa de María con ella y dos amigas suyas, Vivian y Joyce. Vivian de 19 años, de origen francés, un personaje andante. Joyce, de unos 23 años (datos sin rigor científico), originaria de El Salvador pero ya hace unos 7 años viviendo en San Francisco, podría describirla como “Oh yeah”.
Cuando llegamos ya estaban bebiendo y preparadas para salir. Pusimos un poco de música latina y Joyce que sabía bailar nos estuvo dando clases aceleradas de todo tipo: merengue, samba, salsa, cumbia. Salimos en plan pobre porque ninguna teníamos mucha plata… ellas habían hecho trabajo de investigación y habían averiguado algunos lugares en los que no había que pagar entrada. Al primero que fuimos no nos convenció mucho, pero el segundo lugar era muy agradable. La música era bastante variada, desde funky hasta salsita, todo muy bailable. Joyce bailando nos hacía morir de la risa y casi de la admiración. Los babosos italianos intentaban bailar con ella al ver cómo se movía, ella se dejaba sacar, les bailaba un poco (porque ellos no eran capaces de dar cuatro pasos seguidos) y después se giraba con aires de grandeza y los dejaba ahí, tirados, mirándola, sin poder creer. Quizá no suene tan desternillante como lo era estando ahí, pero lo era, de verdad de la buena. Cuando cerró ese local a eso de las 4 de la mañana, June y yo estábamos bastante cansadas y no había consenso sobre lo que hacer, así que decimos irnos a la casa de María. Vivian ya se había ido antes, porque estaba un poco triste. Llegamos a eso de las 4.30 a la casa de María y June me dio el regalo que tenía para mi: ¡Los sótanos del mundo por Ander Izagirre, con una dedicatoria del autor!¡Cómo me gustó ese libro!¡Y tenerlo con la dedicatoria de Ander es todo un honor!
Armamos el sofá cama, charlamos un rato y a dormir… que para cuando nos pusimos a dormir serían como las 5.30 o 6 de la mañana. A eso de las 8 de la mañana tocan el timbre, despertándonos para que abriésemos la puerta. Entra en la casa Joyce sola. Me quedé bastante sorprendida y le pregunté por María, pero dijo que se habían perdido que pensaba que ya estaría en casa. Se puso a contarle en su inglés “Oh yeah” a Vivian lo que le había pasado esa noche, era como escuchar a un personaje de una serie americana. Después le dio por ponerse a cocinar berenjenas. Cuando por fin se puso a dormir serían como las 9 de la mañana… y para las 10 tocaban el timbre otra vez. Esta vez era María que entró en la casa de forma muy sigilosa como intentando no despertarnos a June y a mi. Nos dijo que Joyce la había dejado tirada y parecía bastante enojada. Sube las escaleras a la parte de arriba que balconea sobre el salón y que era donde dormían Vivian y Joyce, prende la luz y grita: “JOYCE, PUTA!” unas 3 o 4 veces, intentando que ésta se despierte. Y después se gira y nos dice: “Chicas, lo siento, os he encendido la luz”. Porque claro, no podíamos dormir por la luz y no por los aullidos que le estaba pegando a la otra. Un puntazo de gente.
A las 12 nos despertamos y fuimos a recorrer la ciudad. El Duomo, leímos que es el tercer templo católico más grande del mundo y realmente es impresionante, tanto por dentro como por fuera. Después seguimos la ruta habitual y cruzamos por las galerías Vittorio Emmanuele II, mirando de lejos las tiendas y si acaso acercándonos para horrorizarnos con los precios. Del otro lado, frente a la plaza la Scala de Milán, una verdadera decepción como edificio por fuera, aunque dicen que las maravillas se encuentran dentro. A esas alturas ya andábamos un poco hambrientas y fuimos al Luini’s a comer unos panzerotti, que tienen mucha fama. Volvimos a la plaza del Duomo donde me sorprendió encontrar una bajada de metro en la cual cada escalón de las escaleras era una nota de un piano. Me pareció divertido, diferente.
Después estuvimos en el castillo, que es toda una decepción ya que su aspecto es medieval pero su construcción data del siglo XIX o XX. Al menos los jardines eran agradables. Y como no nos quedaban monumentos importantes por ver, decidimos callejear, lo cual nos salió de maravilla porque disfrutamos las callejuelas y los bares, y finalmente sin quererlo llegamos a la zona de la casa de María donde teníamos que recoger las valijas para irnos a Parma.
Nos fuimos a la estación de tren donde tuvimos que esperar como una hora para que saliera el tren, después hora y media de viaje, así que para cuando llegamos a Parma estábamos agotadas. Dormimos largo y tendido, hasta las 12 del día siguiente. Aunque el día no era espléndido, al menos no llovía así que salimos con mi bici y la de Sara (que estaba en Budapest) a recorrer la ciudad. Estuvimos en el centro, seguimos por D’Azeglio, donde había un mercado muy lindo y buscamos un lugar donde comer. Después seguimos paseando por el Parco Ducale y volvimos a casa a descansar un poco. A la noche fuimos a hacer el aperitivo y la llamé a Maira a ver si quería venir, para conocerla a June. A pesar de que estaba muy cansada vino y estuvo con nosotras y después nos invitó a tomar un té a su casa. Lo pasé muy bien, con mis dos amigas juntas.
Al día siguiente no salimos porque el día estaba horrible, así que nos quedamos en casa. Mientras June me hacía alguna que otra demostración de funky y me intentó enseñar algo de danza del vientre, lo cual fue muy divertido. A las 13.00 la acompañé a que tomará el tren y se fue…
Dejándome, como siempre que estoy con ella, con una alegría indescriptible y esta vez, además, agradecida por haber venido a verme a mi otro pequeño mundo.
=)
