miércoles, 7 de abril de 2010

El trío locuras y June en Parma



De las sorpresas más bonitas que me ha traido la rutina de Parma fue un lunes cualquiera cuando hablando con June en un rápido chat via gmail decidió venirme a visitar. Cuando lo supe me puse a dar saltos sistemáticamente, como siempre que estoy muy feliz. Durante la semana me mantuve ocupada con las cosas de la facultad y la nueva rutina, pero con la cabeza puesta en el viernes, cuando llegaba June. El jueves de esa semana las chicas se fueron de viaje a Budapest, así que me había quedado sola con toda la casa. Así que el viernes me dediqué a poner la casa un poco en órden y limpita.

Me vestí y a la tardecita me fui en tren desde Parma a Milano a esperarla en la estación de tren. En el tren empecé a leer “Postdata: Te quiero”, un libro que había leído Sabri y me dijo que era lindo. Como es habitual me dejé envolver por la historia y a pesar de que la historia en general era bastante triste, había partes muy cómicas, por lo que no dudé en sonreír o incluso reír de vez en cuando. El chico que estaba sentado en frente debe haberse quedado algo sorprendido porque cuando ya estaba un poco cansada de leer y fui a guardarlo en la mochila, me preguntó a ver qué era lo que leía que me estaba haciendo reír así. Le dije cuál era el libro, pero que no iba a entender porque estaba en castellano… y una cosa llevó a la otra, terminamos hablando durante el resto del viaje y tomando un café en la estación. Después me quedé leyendo hasta que se hiciera la hora de llegada. Y por fin llegó el momento de ¡volver a abrazar a mi amiga! ¡Tenía tantas ganas de verla!

Nos tomamos un taxi. María que fue compañera y amiga mía en el colegio, iba a alojarnos en su actual casa en Milano. Al llegar nos encontramos en la casa de María con ella y dos amigas suyas, Vivian y Joyce. Vivian de 19 años, de origen francés, un personaje andante. Joyce, de unos 23 años (datos sin rigor científico), originaria de El Salvador pero ya hace unos 7 años viviendo en San Francisco, podría describirla como “Oh yeah”.

Cuando llegamos ya estaban bebiendo y preparadas para salir. Pusimos un poco de música latina y Joyce que sabía bailar nos estuvo dando clases aceleradas de todo tipo: merengue, samba, salsa, cumbia. Salimos en plan pobre porque ninguna teníamos mucha plata… ellas habían hecho trabajo de investigación y habían averiguado algunos lugares en los que no había que pagar entrada. Al primero que fuimos no nos convenció mucho, pero el segundo lugar era muy agradable. La música era bastante variada, desde funky hasta salsita, todo muy bailable. Joyce bailando nos hacía morir de la risa y casi de la admiración. Los babosos italianos intentaban bailar con ella al ver cómo se movía, ella se dejaba sacar, les bailaba un poco (porque ellos no eran capaces de dar cuatro pasos seguidos) y después se giraba con aires de grandeza y los dejaba ahí, tirados, mirándola, sin poder creer. Quizá no suene tan desternillante como lo era estando ahí, pero lo era, de verdad de la buena. Cuando cerró ese local a eso de las 4 de la mañana, June y yo estábamos bastante cansadas y no había consenso sobre lo que hacer, así que decimos irnos a la casa de María. Vivian ya se había ido antes, porque estaba un poco triste. Llegamos a eso de las 4.30 a la casa de María y June me dio el regalo que tenía para mi: ¡Los sótanos del mundo por Ander Izagirre, con una dedicatoria del autor!¡Cómo me gustó ese libro!¡Y tenerlo con la dedicatoria de Ander es todo un honor!

Armamos el sofá cama, charlamos un rato y a dormir… que para cuando nos pusimos a dormir serían como las 5.30 o 6 de la mañana. A eso de las 8 de la mañana tocan el timbre, despertándonos para que abriésemos la puerta. Entra en la casa Joyce sola. Me quedé bastante sorprendida y le pregunté por María, pero dijo que se habían perdido que pensaba que ya estaría en casa. Se puso a contarle en su inglés “Oh yeah” a Vivian lo que le había pasado esa noche, era como escuchar a un personaje de una serie americana. Después le dio por ponerse a cocinar berenjenas. Cuando por fin se puso a dormir serían como las 9 de la mañana… y para las 10 tocaban el timbre otra vez. Esta vez era María que entró en la casa de forma muy sigilosa como intentando no despertarnos a June y a mi. Nos dijo que Joyce la había dejado tirada y parecía bastante enojada. Sube las escaleras a la parte de arriba que balconea sobre el salón y que era donde dormían Vivian y Joyce, prende la luz y grita: “JOYCE, PUTA!” unas 3 o 4 veces, intentando que ésta se despierte. Y después se gira y nos dice: “Chicas, lo siento, os he encendido la luz”. Porque claro, no podíamos dormir por la luz y no por los aullidos que le estaba pegando a la otra. Un puntazo de gente.

A las 12 nos despertamos y fuimos a recorrer la ciudad. El Duomo, leímos que es el tercer templo católico más grande del mundo y realmente es impresionante, tanto por dentro como por fuera. Después seguimos la ruta habitual y cruzamos por las galerías Vittorio Emmanuele II, mirando de lejos las tiendas y si acaso acercándonos para horrorizarnos con los precios. Del otro lado, frente a la plaza la Scala de Milán, una verdadera decepción como edificio por fuera, aunque dicen que las maravillas se encuentran dentro. A esas alturas ya andábamos un poco hambrientas y fuimos al Luini’s a comer unos panzerotti, que tienen mucha fama. Volvimos a la plaza del Duomo donde me sorprendió encontrar una bajada de metro en la cual cada escalón de las escaleras era una nota de un piano. Me pareció divertido, diferente.

Después estuvimos en el castillo, que es toda una decepción ya que su aspecto es medieval pero su construcción data del siglo XIX o XX. Al menos los jardines eran agradables. Y como no nos quedaban monumentos importantes por ver, decidimos callejear, lo cual nos salió de maravilla porque disfrutamos las callejuelas y los bares, y finalmente sin quererlo llegamos a la zona de la casa de María donde teníamos que recoger las valijas para irnos a Parma.

Nos fuimos a la estación de tren donde tuvimos que esperar como una hora para que saliera el tren, después hora y media de viaje, así que para cuando llegamos a Parma estábamos agotadas. Dormimos largo y tendido, hasta las 12 del día siguiente. Aunque el día no era espléndido, al menos no llovía así que salimos con mi bici y la de Sara (que estaba en Budapest) a recorrer la ciudad. Estuvimos en el centro, seguimos por D’Azeglio, donde había un mercado muy lindo y buscamos un lugar donde comer. Después seguimos paseando por el Parco Ducale y volvimos a casa a descansar un poco. A la noche fuimos a hacer el aperitivo y la llamé a Maira a ver si quería venir, para conocerla a June. A pesar de que estaba muy cansada vino y estuvo con nosotras y después nos invitó a tomar un té a su casa. Lo pasé muy bien, con mis dos amigas juntas.

Al día siguiente no salimos porque el día estaba horrible, así que nos quedamos en casa. Mientras June me hacía alguna que otra demostración de funky y me intentó enseñar algo de danza del vientre, lo cual fue muy divertido. A las 13.00 la acompañé a que tomará el tren y se fue…

Dejándome, como siempre que estoy con ella, con una alegría indescriptible y esta vez, además, agradecida por haber venido a verme a mi otro pequeño mundo.


=)

sábado, 13 de marzo de 2010

Life is life



Como muchos ya sabrán, al final todos esos planes de exámenes fueron dejados de lado por varios motivos. El primero es que me di cuenta que era incapaz de estudiar esa materia, y el segundo es que después de tremenda resaca empecé a sentirme cada vez peor, más débil, con dolores y sin ganas de comer. Finalmente el jueves de esa semana me decidí a ir al hospital para ver qué tenía, Sara y Ángel me acompañaron. Me dijeron que tenían que hacerme análisis y eso hicieron: análisis de sangre, electrocardiograma y ecografía. Para encontrar que no tenía nada, aunque yo seguía sintiéndome mal, así que me dieron un calmante y me dejaron toda la noche en observación. A la mañana siguiente me dieron el alta y volví a casa...
El lunes de la semana siguiente, día 1 de marzo empezaron las clases del segundo cuatrimestre y yo empecé cargada de pilas. En general las materias que estoy cursando me gustan bastante, además que en casi todas coincido con alguien interesante y eso me incentiva más. Decidí que no puede pasarme lo mismo que el cuatrimestre pasado, con lo cual ya empecé a estudiar al día un poco de cada asignatura que curso más las dos del anterior.
Además de mi creciente responsabilidad en cuanto a los estudios, también decidí que, al menos una vez a la semana, iba a retomar las dantzas a mi manera. Es decir, calentamiento y bailar lo que tenga ganas ese día... Ya hice un par de días y me hace MUY bien.
Y ya para culminar mis éxitos, hablé con el vecino cubano, Vladimir, y me dijo que estaba interesado en que le diera clases de conversación de inglés... así que allá vamos!!
Después de la primera semana de clase, el sábado organizaron salida "rutinaria": ir a Gallelandia y después a Positiva (una discoteca). Yo pensaba seguir la rutina de siempre también, ir a Gallelandia y después volverme a casa, pero estando allá empecé a animarme, a bailar con las chicas y finalmente me decidí a ir a Positiva. Y fue una muy buena elección, porque me lo pasé maravillosamente bien, conocí a mucha gente y bailé muchísimo, lo cual me hizo sentirme genial, lo extrañaba (véase fotos en la parte superior).
Hace un par de días cayó una nevada tremenda y ¡está haciendo un frío terribilísimo! Pero está todo blanco y hermoso... nunca había visto tanta cantidad de nieve (a pie de calle, claro). Ayer salimos con Sabri a hacer cosas al centro y estuvimos paseando por el Parco Ducale, que es precioso. Nos sentamos en un banco a "tomar sol", a ver si algún rayito de luz nos daba vitaminas.

En resumen, estoy contenta con este inicio de clases, con muchas cosas que hacer lo cual me mantiene activa. Además muy ilusionada porque queda poquito para volver a casa, ver a mis papis, a Anetxu y tanta gente que quiero visitar... Y muy ansiosa por mi viaje a Argentina...

Ci vediamo prossimamente!

domingo, 21 de febrero de 2010

Exámenes. Venecia. Exámenes...




Desde que volví a Parma pasaron un par de cosas interesantes que relatar, pero sobre todo es el día a día…
El primer acontecimiento fue el examen de nivel de italiano, para el que no estudié absolutamente nada. Y cuando digo nada, es que ni miré el libro, ni miré un verbo, NADA. La razón es que tenía que estudiar para otro examen más importante. El caso es que al final mi plan salió bien y aprobé raspadito. El otro examen que tenía era un parcial, lo aprobé y por fin terminé con esa materia. Después hice otro examen más con el mismo profesor y también me fue bien =).
El día 13 de febrero inesperadamente fuimos las niñas del grupo, con David, Luis y Ángel a Venecia, por carnavales. Tomamos el tren a las 7.30 de la mañana y a eso de las 12.00 (después de haber esperado a la hermana de una de las chicas) nos pusimos a recorrer. La verdad que fue hermoso volver a esta ciudad. Reconocer las escaleras donde, con June, nos poníamos a cantar, mientras nuestros acompañantes salían corriendo temiendo ser reconocidos como nuestros amigos. Volver a la Plaza San Marcos, tan distinta de cuando la vi por primera vez. Decorada de arriba abajo, con arcos con plantas, un escenario donde más tarde podríamos ver un desfile de máscaras. Los disfraces eran espectaculares, un trabajo increíble. En general el ambiente era sobrio, pero es lo que caracterizan estos carnavales. A mí me dejó impresionada, fascinada.
Además, me reencontré con María, una compañera del colegio que hacía tiempo que no veía y charlábamos en condiciones (la vi en Milán, antes de irme a Bilbao en Navidad, pero 15 minutos!). Nos pusimos un poco al día de nuestras vidas, nos reímos un montón y la verdad que estuvo muy lindo. Coronó el día.
Durante todo el día estuve con Ángel charlando bastante, ya que habíamos llevado la comida para compartir y es como que se dio. Me quedé muy contenta porque es un chico super bueno, simpático y muy maduro. A veces es como que no lo dejan sobresalir y es por eso que casi no lo conocía, me alegré mucho de haberlo podido conocer mejor.
Y, sobre todo, este día me vino de perlas para desconectar un poco con los estudios, que ya me tenían un tanto cansada.
Llegó el día 19, que tenía dos exámenes… Me levanté a las 7.30 de la mañana para llegar bien al examen. A las 8.30 salí de casa con Sabri que también tenía examen y llegamos a la facultad a las 9.00. Se suponía que el examen empezaba a las nueve y media, pero el profesor no llegó hasta las diez. Eran exámenes orales y había mucha gente delante, como unas 15 personas, así que tuvimos que esperar muchísimo. Tanto que para cuando salimos del examen ya no había autobuses y ¡tuvimos que pedir un taxi! Pero bueno, aprobé los dos así que me quedo contenta.
Al llegar a casa me dijo Sabri que había plan de salir, y después del día cansador que habñia tenido, me apetecía mucho. Fuimos al Piru, que me encanta, la música que ponen es buenísima y el ambiente es acogedor. El caso es que tomé más de la cuenta, sumado a mi cansancio hicieron una bomba explosiva. Con lo cual perdí el día entero de ayer tirada en la cama, vomitando y con un dolor de cabeza indescriptible. Conclusión: no se repite NUNCA más.
Y hoy empiezo a estudiar nuevamente, que el día 24 tengo otro examen más. A ver qué tal continúa mi época de exámenes, que parece no acabar jamás!

Ci vediamo!


> En la foto, no salgo abrazada a un arbusto (que bien podría ser). Es una persona disfrazada de arbusto! Había dos disfrazados así y era muy divertido porque parecían parte de la decoración, arbustos artificiales. Entonces cuando la gente pasaba por al lado, pegaban un saltito o un grito y la gente se moría. Nos reímos tantísimo...

miércoles, 17 de febrero de 2010

Crucero. Parte IV / How I met your father





Aún quedaba algo del primer día del año por vivir…

Esa noche mis hormonas me la jugaron, como habitualmente y estaba mimosina. Fuimos después de cenar a la discoteca como normalmente a sentarnos en nuestros sillones del fondo. Yo me senté al lado de Ane, con ganas de que me mimase un poco, que me diera muchos abrazos, pero al parecer no estaba muy receptiva. Me enojé un poco porque no me hacía caso y mis hormonas me hacen ser malhumorada, y me fui a sentar en frente de Gonzalo. Estaba agotada, después de varios días de dormir muy poco y se me empezaban a cerrar los ojos. Gonzalo, intentando que no me durmiera me empezó a hacer cosquillas en los pies, que estaban al lado suyo. Me agarró la mano y empezó a hacerme caricias… Y me sentí acompañada, mimada. Nos pasamos acariciándonos las manos mucho tiempo hasta que nos fuimos a dormir. Ahí empezó todo…

Al día siguiente hacíamos puerto en Río de Janeiro, nuestro último puerto antes de la vuelta a casa. Yo tenía muchas ganas de conocer la playa de Ipanema, tenía que conocer el lugar donde se desarrolla una de las primeras canciones brasileñas que me enamoraron:

Y ahí estuvimos, en esa hermosa playa donde el sol abrasaba la piel, tanto que era imposible estar al sol más de 10 minutos seguidos. Estábamos tanto debajo de la sombrilla como metidas en el agua. El único problema era que el agua estaba muy revoltosa, muchas olas muy fuertes y estaba difícil para salir. Así que nuestra dinámica en el agua era entrar, permanecer dos minutos (o menos) y volver a salir. Después a las 14.00 más o menos fuimos a comer y tomar algo, antes de volver al barco. Nos tomamos unos sandwichitos de jamón y queso y unos jugos de naranja que estaban muy ricos. Después tomamos el colectivo para volver al puerto a embarcar.

Durante todo el día me pasé con ganas de hablar con Ane sobre lo que había pasado la noche anterior con Gonzalo, pero parecía que no me seguía el hilo. Así que silenciosamente pasé todo el día pensando en él, recordando las caricias y esperando el próximo encuentro con él.

Éste ocurriría esa misma tarde, ya de vuelta en el barco. Nos encontramos en las piletas y fuimos a meternos todos en el yacuzzi. Se estaba genial, con el agua calentita y los chorros de agua por todas partes. Además, la compañía era inmejorable. Después estuvimos haciendo los bailes de grupo en el deck, divirtiéndonos mucho, como siempre. Tras unos buenos bailoteos, estábamos cansados, tomamos unos jugos de frutas y Manu sugirió que fuéramos a la proa. Ella ya había estado, tanto en éste como en otros cruceros, y dijo que era hermoso. Tardamos un rato en encontrarla, pero finalmente lo logramos y allá fuimos. Primero nos sacamos algunas fotos todos juntos en la parte de abajo y después alguna que otra en la parte de arriba.

En cierto momento Flor sugirió que jugásemos a las cartas ahí y propuso ir a buscarlas. De a poco todos fueron entendiendo cuál era el objetivo final de esa propuesta, dejarnos a Gon y a mi solos, y fueron bajando con ella. Así que finalmente nos quedamos él y yo.

Frente a nosotros se desplegaba el mar infinito, el agua en movimiento, azul, brillante, espléndida. Hacia la izquierda el sol empezaba a caer, de color naranja fuerte, tiñendo por zonas el cielo y el mar. Entonces, nos miramos y nos dimos nuestro primer beso. Suave, tierno, inolvidable. Después nos quedamos abrazados, observando el maravilloso atardecer al que aún le quedaba por regalarnos un pequeño espectáculo de la naturaleza. De repente, al costado del barco unos cuantos delfines empezaron a saltar… Fue la cerecita que le faltaba al pastel para hacerlo totalmente mágico.

Después de estar otro rato más ahí, fuimos a buscar al resto que no habían vuelto más. Fuimos al deck y nos encontramos con Juan, el padre de Gonzalo, que estaba con más gente. Fue una situación muy graciosa, todos parecían saber lo que había pasado, supongo que también nuestras caras de felicidad nos delataban. Pero además se pusieron a hacerme una especie de cuestionario, parecía un examen.

Llamamos al camarote y Gonzalo habló con Rodri para ver dónde estaban nuestras cosas, que las habíamos dejado en la pileta y no sabíamos quién las tenía. Las cosas de cada uno estaban en los camarotes respectivos y como ya era un poco tarde fuimos a bañarnos, que después había quiz de películas.

Los chicos del equipo de animación que ya estaban cansados de vernos ganar contínuamente nos decían que iban a cambiar las canciones de las películas que teníamos que adivinar o que sino no ibamos a poder jugar. Cumplieron las amenazas y cambiaron el orden de algunas y las canciones de otras, pero nuestro equipo era de los mejores… ganamos igualmente. Nadie podía creerlo, pero reafirmamos nuestra superioridad en los quiz y volvimos a ganar una remera del MSC.

Con eso y la cena, todos estábamos un poco cansados y queríamos irnos a dormir. Pero Manu tenía ganas de ir a la discoteca y los demás decidimos ir con ella. Después ella desapareció, Ane y Flor se fueron a dormir, y nos quedamos Gon y yo solos. Estuvimos hablando hasta que el sol se cansó de nosotros y salió con sigilo por entre las olas, para deleitarnos con su belleza.

Los dos días siguientes eran de navegación, así que nos dedicamos a hacer vida de relax. A la tardecita del día 3 hubo un torneo de ping pong en el que participaron Rodri y Gon (y perdieron =O) y después estuvimos esperando para jugar al metegol/futbolín. Con Gonzalo nos quedamos en unas escaleras charlando antes de ir a ducharnos y vestirnos para la gala de esa noche. La gala, en realidad, era de los que se habían subido el día anterior en Río y ellos tenían que estar preparados para las 7, así que mientras nosotros estábamos ahí hablando y riéndonos, pasaban los brasileños muy elegantes y se quedaban mirándonos tipo: “zarrapastrosos!”. Estuvimos un rato y después nos fuimos a cambiar. Creo que en el Cotton Club hubo clases de baile y después, como siempre nos fuimos a la discoteca.

El día 4 amaneció horrible, nublado y lluvioso. Comimos con Giuseppe, lo cual fue muy divertido. Estuvimos hablando de su compañera de canto, contaba que no era tan emocionante cantar “Vivo per lei” con esta señora que tenía como 15 años más que él, que con la chica que lo hacía antes que tenía 25 y era preciosa. Entonces nos hacía la representación de cómo cantaba con una y con otra, por más que lo intente describir con palabras jamás se parecerá a lo que hacía este hombre. Nos hacía morir de la risa! Además pude hablar un poco de italiano con él, lo cual fue muy divertido.

Como el día estaba tan feo decidimos irnos adentro y buscar algún juego de mesa, para matar las horas. Sacamos un pictionary que era terriblemente aburrido y a los 20 minutos ya estábamos todos cansados de jugar. Así que alguien propuso que jugásemos al minigolf, ya que había empezado a salir un poco el sol. Y allá fuimos a probar nuestra destreza con los palos... la de Ane y mía, desde luego, muy poca. Perdimos como las mejores, aunque también nos reímos muchísimo.

Esa noche teníamos la idea de que no iba a dormir nadie, que nos íbamos a quedar todos en la discoteca disfrutando de nuestro último día. Después de una “fiesta” de despedida en el Carusso Lounge, donde estuvimos bailando muchísimo, fuimos allá. Yo estaba agotada y me quedé dormida con Gonzalo en uno de los sillones de la discoteca. Después me volví a despertar y estuvimos riéndonos y sacándonos fotos con Ane y Flor. Cuando nos dimos cuenta que todos estábamos demasiado cansados para seguir ahí, levantamos campamento y nos fuimos todos al cuarto de Flor, con la idea de pasar aunque fuese la última noche todos juntos de alguna forma. Así que nos acostamos todos en la cama de Flor y a dormir un poquito, hasta las 7 de la mañana que teníamos que empezar a prepararnos para el desembarque.

La bajada en Buenos Aires no tuvo mayores incidentes. Nos despedimos de todos fugazmente, con la idea de volver a vernos esa noche en la fiesta con empanadas en la casa de Koldo.

Ese fue el fin del viaje en crucero. Y el principio de algo más grande. Sobre el final ¿qué decir? Fue una experiencia inolvidable, conocí lugares maravillosos, vi la naturaleza más espectacular que existe, disfruté bailando en cada momento, del sol, de la gente. Compartí momentos únicos con Ane, con Nere, conocí a Nora, a Manu y a los chicos. ¿Y sobre el principio? Poco hay para decir… tan sólo fue un principio (mágico sí, pero un principio). Es todo lo que viene después lo que lo hace tan especial como es. Y estará presente de ahora en adelante…

<3

lunes, 15 de febrero de 2010

Crucero. Parte III



Tuvimos un último día del año muy singular, distinto a los de Bilbao por el calor, distinto a los de Argentina por la compañía y las experiencias. Tan temprano como fue posible bajamos del barco en Buzios. La idea era recorrer un poco el pueblo, que era bastante chiquito y después irnos a la playa. El problema es que además teníamos que llamar por teléfono a familia y amigos porque ya llevábamos días sin contactar. Y, en realidad, eso podríamos haberlo hecho en un momento, pero no encontrábamos abierto ningún locutorio y después nadie nos contestaba el teléfono. Así que seguimos dando vueltas por ahí, nos tomamos un refresco en una terracita… Vuelta a intentar usar el teléfono… El tema es que así perdimos toda la mañana, tanto que llegó la hora a la que teníamos que volver a subir al barco nuevamente. Ya en el barco más relajadas, nos dedicamos a hacer nada. El día estaba horrible, lloviendo muchísimo, con unos vientos impresionantes. Con los chicos, viendo que afuera estaba insoportable, nos fuimos al cuarto de Flor a jugar a cartas y nos divertimos muchísimo.

Los del equipo de animación la tarde anterior se habían dedicado a hacer unos carteles con los deseos del año nuevo que habían colgado de la barandilla que daba al deck. Del viento que había se rompieron todos y tuvieron que sacarlos. Las previsiones decían que esa noche iba a estar terrible y que probablemente las cosas que tenían programadas en el barco las iban a tener que cambiar.

Pero para cuando llegamos frente a Copacabana, el tiempo había cambiado. Continuaba habiendo una brisa agradable, pero no hacía frío y afortunadamente no llovía. Había unos 7 u 8 barcos frente a Copacabana, playa de Río muy famosa por sus fuegos de fin de año.

En Nochevieja había gala de blanco. El significado de esta tradición brasileña es que ese color representa la paz e ir vestido de ese color es como atraerla para el año siguiente. Hay otros colores que también tienen significado: rojo = pasión, rosa = amor, azul = salud, verde = esperanza, naranja = trabajo… Pero, dato imprescindible, color prohibido de nochevieja: el negro.

Después de arreglarnos fuimos al comedor para cenar y a mi me agarró un dolor de cabeza terrible, con muchas ganas de vomitar, así que me tomé un calmante y me fui a recostar a ver si se me pasaba. La verdad es que no pintaba muy bien, pero no quería terminar así el año. Después de cenar me vinieron a buscar las chicas al cuarto, me levanté y ya me sentía mejor con una horita de sueño y la pastilla que me había hecho efecto al parecer.

Al subir al deck nos daban tres flores blancas que la tradición manda que hay que tirarlas al agua y por cada una hay que pedir un deseo. Esto lo implementaron este año como medida para evitar la contaminación, ya que antes lo hacían tirando globos con helio al aire. La verdad que me parece mucho más emocionante y natural el tema de las flores. Me encantó ver mis flores caer, volando con el viento que las mantenía en el aire por un tiempo…

Tras una cuenta atrás conjunta, los fuegos artificiales en la playa de Copacabana empezaron a estallar. Una cosa que detesto de los fuegos (no me gustan en general, pero esto lo detesto) es el ruido que hacen cuando estás relativamente cerca y a veces aún hasta de lejos. Esta vez estábamos bastante lejos y no se escuchaban los ruidos, eso me causo una satisfacción especial. Estar ahí con toda la gente, mirando esos fuegos (los más lindos que vi nunca), deseando un año lleno de cosas hermosas, fue realmente bonito.

Cuando terminaron los fuegos, que duraron como 20 minutos bajamos nuevamente al deck a la fiesta. No hay palabras para decir lo bien que me lo pasé. Sin parar de bailar en toda la noche, con todo el mundo, riéndonos y charlando, sacándonos muchas fotos. Mucha gente se retiró relativamente temprano (2 o 3 de la mañana) porque al día siguiente hacíamos puerto. Nosotros, nos quedamos hasta las 6 bailando en el deck y después una hora esperando que abrieran el buffet para desayunar. Cuando terminamos volamos a los camarotes, desechos y con una hora para dormir.

Primer puerto del año: Ilha Grande. Uno de los lugares que al recordar me provoca las sensaciones más contradictorias que jamás haya sentido. Como su nombre indica es una isla de tamaño considerable, cuyo centro se compone de aproximadamente 3 o 4 negocios, 5 casas y un par de negocios que arman excursiones por la isla. Tras un fallido intento de ir a la playa Lopes Mendes (nos intentaron timar), decidimos ir por nuestra cuenta a otra playa más cercana. Para ir a la playa teníamos que caminar un poco y meternos en el Parque Natural que conformaba la mayor parte de la isla (menos una partecita que era donde estaba el “centro”). Nuevamente tengo que decir que me quedé maravillada. Esta vez no sólo con las plantas sino también con los insectos. Había unas hormigas que medían al menos 1 cm de largo! Lamentablemente el día anterior había habido un temporal que produjo desprendimientos de tierra, con 30 muertos en la isla. Esto hacía que las playas estuvieran llenas de hojas y palitos, de tierra y piedritas. Donde nos quedamos nosotras la playa era muy estrecha, el agua estaba sucia, el sol no perdonaba y la sombra no existía. Para colmo de males estaba subiendo la marea. Nos dimos cuenta que teníamos que levantar campamento cuando estando acostadas tomando sol de repente el agua nos alcanzó hasta la panza, no sólo mojándonos sino llenándonos de arena y la porquería que traía el agua.

Con las toallas empapadas y llenas de arena al hombro partimos nuevamente hacia el pueblo para volver al barco. Llegamos a un lugar donde veíamos que la gente se había puesto a correr y pensamos que podía ser que hubiera mosquitos, así que decidimos armarnos con las toallas e ir pegando al aire alrededor para espantarlos. Con nuestra gran solución en mente y las armas en las manos nos dirijimos hacia lo que más tarde serían puros escalofríos en todo el cuerpo. Por lo visto no eran mosquitos, o sí, desde luego que entomóloga no soy. Pero eran unos insectos de aspecto entre mosca y mosquito que tenían la particular característica de meterse entre el pelo y de picar con toda su alma, provocando un dolor terrible. Yo sentía que me estaba volviendo loca, corriendo por el camino, intentando desesperadamente sacarme esos bichos que me estaban picando por todas partes. En el camino había ojotas y anteojos de sol tirados, que la gente no volvía a recoger. Por más que avanzábamos no se terminaban de ir, porque se habían quedado pegados a las toallas y volvían una y otra vez a atacarnos. Al llegar a la entrada al Parque Natural disminuyó la cantidad, pero entonces nos empezamos a preocupar un poco sobre los efectos que podían causar semejantes picaduras. Así que me acerqué a una señora a preguntarle y me dijo que no pasaba nada, que ni siquiera salían ronchas. Y menos mal, porque sino hubiéramos sido unas personas-roncha. Volvimos directamente al barco, con un sabor agridulce (en ese instante más agrio que dulce) sobre este lugar.

En el barco fuimos directamente a la parte de arriba a darnos una ducha de agua dulce y a meternos en la pileta para sacarnos todo el estrés de la corrida huyendo de los mosquitos asesinos. Después pasamos la tarde con los chicos, haciendo quiz, jugando en el deck, bailando… Aún quedaba algo del primer día del año por vivir…

La próxima será!

Un beso, con B de “Baby, I love you”


PD: Y ahora que aprendí cómo se hace les dejo una de las canciones que marcó nuestra vida en el crucero. Ivete Sangalo con su Ilumina =)

jueves, 11 de febrero de 2010

Crucero. Parte II










El 27 trajo mucho consigo. Empezó temprano, porque había bajada en puerto y en uno muy importante: Río de Janeiro. Teníamos que encontrarnos con Nora, amiga de Nerea, que iba a subir ahí porque había decidido pasar la Navidad con su familia. Al principio no lográbamos contactar con ella y no sabíamos si contratar una excursión o no. Pero al final todo salió bien, nos encontramos con Nora, ella embarcó y se quedaba en el barco y nosotras tres contratamos una excursión para conocer un poco Río. Nos metieron a unas 10 personas en una combi y al primer lugar que nos llevaron fue al Corcovado. Se tardaba muchísimo en subir porque el tráfico era impresionante, pero yo podía disfrutar de cada momento. Al lado de la ventana, podía observar la maravillosa naturaleza que rodea el camino hacia la cima donde está el monumento. Sé que sonará repetitivo, pero creo que es de las cosas más alucinantes que he visto nunca: la naturaleza brasileña.

Arriba, se erige el enorme monumento y se pueden apreciar unas vistas maravillosas de toda la ciudad. Se ven los enormes edificios, las favelas y la geomorfología tan particular de Río de Janeiro. Salientes de tierra que se meten en el mar y parece que éste va a tragársela, montañas y valles, cemento y naturaleza. Una belleza.

Subimos nuevamente en la combi que nos lleva a recorrer las playas, pasamos al lado de Leblón pero paramos en Copacabana. Ane y yo, a pesar del calor que hacía y de que la arena estaba ardiendo quisimos acercarnos a la orilla… para poder decir que tocamos mar de Río. Fuimos hasta la orilla, tocamos el agua calentita y volvimos corriendo, llenas de arena en los pies volvimos a subir en la combi y nos dirigimos hacia el Pão de Açúcar.

Por lo visto hay dos versiones sobre el origen del nombre de este lugar. Preguntamos porque nosotras pensábamos que el nombre hacía referencia a la forma que tomaban los montículos de azúcar para exportarlos. Sin embargo preguntamos y nos comenta una señora que el nombre deriva de una palabra que significa “alta colina” (esto lo busqué porque no me acordaba lo que nos había dicho la señora, al leerlo me acordé) en la lengua de los indígenas.

Y vuelta a la combi y al barco. Probablemente habremos ido a las reposeras a tomar un poco de sol y a meternos en la pileta. Y después a disfrutar de la salida de Río (en la foto se ve el Pão de Açúcar), con unas vistas maravillosas. Esa noche como el resto, nos cambiamos para ir al teatro y después al Cotton Club, salón donde había juegos y clases de baile. Esa noche había un juego: “el juego de la amistad”, éste consistía en que ponían música y había que bailar, de repente uno de los chicos del equipo de animación decía un número y tenías que juntarte con otra gente formando grupos. Yo entré a jugar con Nere y al principio era fácil porque estábamos mucha gente y decía números bajitos. Después a medida que la gente iba siendo eliminada y quedábamos menos, se iba complicando. En una de esas fue cuando dijo “Cuatro!” y Nere y yo nos juntamos con otros dos chicos. Eran argentinos también y nos presentamos… (la relevancia de este hecho podrá comprobarse más adelante).

Después de dos días seguidos de hacer puerto, uno de navegación no venía nada mal. Parecerá casi un chiste, pero los días que bajábamos a puerto eran cansadores, consistían en pegarnos un madrugón y caminar bajo un sol abrasador, con unas temperaturas altísimas y, a pesar de que lo único que hacíamos era turismo, terminábamos cansadas.

Del día 28 no recuerdo muchos detalles. Pero sí recuerdo que hacía mucho calor y un sol espectacular. Estábamos con Ane en las reposeras cuando se pusieron a hablar con nosotras unos chicos argentinos, Florencia y Gonzalo, que habíamos conocido la noche anterior y su hermano más chico Rodrigo. Simpatizamos desde el primer momento y nos pasamos toda la tarde ahí, con ellos y con Alena una chica brasileña que ellos habían conocido también el día anterior. Nos lo pasamos genial! Ane y yo nos quedamos muy contentas de haber formado un grupito tan agradable. Quedamos en ir todos juntos en Bahía al día siguiente y aunque Alena ya conocía se anotó a la excursión con nosotros porque su madre iba a visitar a una amiga.

En la excursión, organizada por la compañía del crucero, nos llevaban en el autobús, con un guía que iba hablando. Hicimos varias paradas y no recuerdo muy bien el orden. Hicimos una parada en la Igreja de Nosso Senhor do Bonfim que era preciosa. Aunque era impresionante la forma en la que los vendedores ambulantes te encaraban para que les comprases, una venta tan agresiva que resulta desagradable y, por otra parte, tan triste. No por el hecho de que estén ahí vendiendo pulseritas y souvenirs de la iglesia, sino por las condiciones en las que lo hacen. Con 40 grados de temperatura y se dedican a correr detrás de la gente, cargados con todo el material que quieren vender, con la desesperación en la cara. En otra de las paradas que fue el Pelourinho una de estas vendedoras intentó engatusar a Flor, diciéndole que le regalaba una pulserita del Senhor do Bonfim primero y después obligándola prácticamente a que comprase unos collares o pulseras. Cuando dijo que no iba a comprarle la señora se enojó mucho y le hizo devolverle la pulserita que le había colocado en la muñeca ella misma. Yo me acerqué y le dije a la señora como que se tranquilizase, que ella era la que le había regalado la pulserita y que no podía obligar a nadie a que le comprase. Nunca me voy a olvidar de su mirada, me dijo que lo hacía por necesidad, que con eso alimentaba a sus hijos, que tenía que ser avispada y utilizar los trucos que pudiera. Flor le devolvió la pulsera y seguimos camino, con un poco más de entendimiento y de dolor también.

Hablando de dolor, parecía que mis días no me daban tregua y estaba muriéndome de dolor. A pesar de haber disfrutado Bahía a lo grande, porque me pareció una ciudad de lo más hermosa, no pude saborearla lo debido gracias a los terribles dolores que tenía y que casi no me dejaban caminar.

El Pelourinho era precioso y aunque mi memoria no alcanza para recordar lo que decía el guía (además de que no le entendía la mitad), buscando un poco y haciendo memoria encontré que esta palabra se refiere a una columna de piedra donde se castigaban a los esclavos mediante azotes en la antigua colonia. Después de ser abolida la esclavitud el lugar se fue transformando y actualmente se ha convertido en un centro cultural. Las calles están llenas de tiendas con pinturas y esculturas, los colores llamativos y las bahianas con sus miriñaques, el arte y el espíritu tropical, que siempre te dejan con ganas de más.

También visitamos la Iglesia de San Francisco, que data de la primera mitad del siglo XVIII y cuya decoración barroca es para dejar a cualquiera con la boca abierta. No me acuerdo la cantidad de oro que tenía, pero sé que era una cantidad alucinante…

Bajamos desde la parte alta de la ciudad que era donde habíamos estado de momento en un ascensor que es famoso. Había una cola tremenda, y tuvimos que esperar un rato… Ya abajo nos dejaron ir a ver el mercado. Nos separamos todos y estuvimos mirando cuadritos, souvenirs y postales. Yo me empecé a marear y a agobiar con el calor y la gente, así que Nora me dijo que saliéramos afuera un poco, nos tomamos un refresco y después volvimos a seguir dando vueltas un ratito. El mercado era precioso, había desde paños, ropa de un algodón espectacular, hasta cuadros y estatuitas, postales, collares y pulseras. Otra de las cosas curiosas es que el arte brasileño tiene una gran influencia africana que trajeron consigo los esclavos de la época de la colonia. Te deja un buen sabor de boca el variado de los materiales, la calidad de los artistas, el ir y venir de la gente, los colores vivos de los cuadros y el color oscuro de la madera.

Después nos llevaron nuevamente al puerto y volvimos a embarcar. Yo con gran pena de no haber disfrutado del todo por mis dolores, pero contenta por haber estado en esa ciudad tan hermosa. Esa fue una tarde tranquila en el barco, de reposo y tranquilidad, con buena compañía a la que ya empezábamos a acostumbrarnos y con muchas risas.

El día 30 no recuerdo exactamente lo que hicimos, pero seguramente fue un día de relax, tomando sol y disfrutando de los juegos del equipo de animación, seguramente unos cuantos bailes. De la noche recuerdo el "Buffet Magnifico", donde la cantidad de comida era excesiva hasta el punto de dar asco. Y, cómo no, fiesta y baile en la cubierta, donde lo pasamos genial con los chicos, como siempre.


... Próximamente Crucero. Parte III


Nota al pie de página para la usuaria habitual de este blog la señorita Ixone Larizgoitia (respondiendo a sus cuestiones):

Un pesebre con bebé y todo, solamente que el bebé era un chico crecidito. Había buey y mula creo, o vaca y burro (que en definitiva son lo mismo). Casting? No. El director no es muy justo y repite siempre los mismos papeles (yo que quería ser el ángel!), los del equipo de animación siempre se llevan los papeles interesantes, los demás sólo podíamos mirar y aplaudir. Es lo que nos queda a los pobres pasajeros… Espero esta información haya sido de su interés.


Un beijo, mua!

miércoles, 3 de febrero de 2010

Crucero. Parte I

Creo que es hora de que me ponga a escribir sobre el maravilloso viaje que hicimos en el crucero. Embarcamos el día 23 de diciembre con un día bastante feo con muchas nubes, aunque hacía calor suficiente como para ponernos en bikini (algo que deseábamos con ansia después de los fríos horribles del invierno). Además de empezar a descubrir las comodidades que daba el barco y la cantidad de actividades que podían hacerse todo el día. Una hermosa salida del puerto de Buenos Aires y a disfrutar un poco de los colores del Río de la Plata.
La primera escala que hicimos fue Punta del Este, Uruguay. Bajamos del barco Nere, Ane y yo, con intenciones de conocer un poco primero y después ir a la playa. Estuvimos caminando por la famosa Gorlero (había foto antes de que perdiera la cámara =( ). Después del paseo por la Gorlero que, por cierto, es la calle principal de Punta del Este (conocida en casa, razón por la cual por un momento olvidé que no todo el mundo sabe qué es), fuimos a ver una estatua de una mano que es como si saliera de la arena. La playa no estaba como para quedarse mucho tiempo porque no hacía un día muy espectacular. Así que volvimos bastante tempranito al barco. Mi impresión sobre Punta del Este no fue demasiado positiva, quizá es que el día no ayudaba, pero no me impactó para nada.
No recuerdo exactamente qué hicimos por la tarde, pero supongo que disfrutar de los juegos y los bailes con el equipo de animación. Esa noche era nochebuena, así que tenían preparado un buffet de dulces después de la cena, además de un pesebre viviente. La cantidad de dulces que había en el buffet era indescriptible y después de la maravillosa y abundante cena que ya habíamos disfrutado, yo no pude comer nada!

El día 25, si mal no recuerdo, fue día de navegación. Probablemente hayamos desayunado tempranito, habremos ido a la pileta y a tomar sol... Nere, Ane, Manu y yo. Manu es la hija de los vecinos de Nerea, prácticamente se crió con Martín (mi primo =)), tiene un año más que yo, estudia arquitectura y es muy simpática (presentación oficial se le llama a eso). Más tarde en la mañana, habremos hecho algún juego o baile, comer en el buffet, tomar sol, equipo de animación, unas pizzas, más pileta... día tranquilo. Esa noche era la gala del capitán, así que tuvimos que arreglarnos =) Fuimos a la gala, nos sacamos la foto de rigor con el capitán y alguna que otra de no rigor para que quedase memoria del momento. Después, como ya era costumbre, con las chicas íbamos a la discoteca a bailar un rato y a dormir.

La segunda escala que hizo el barco fue en la bellísima, como su nombre indica, Ilhabela. Primera vez que pisaba tierra brasileña, y me recibió con los brazos abiertos. Y después, me estrujó y me mató de calor. No puedo explicar el calor que había en ese lugar, pero sí puedo contar una anécdota. Estábamos caminando por el pueblito, muy lindo, mirando las cosas que había y entramos en una farmacia que yo tenía que comprar algo. Entramos y sentimos que adentro estaba fresco, había aire acondicionado. Qué agradable! Esperábamos en la cola para pagar y de repente vi un termómetro, me acerqué a ver y ponía 32ºC. Ingenua como soy pensé: con razón que afuera sentía calor, si hay 32º!! Cuando, de repente, me doy cuenta que el termómetro estaba ADENTRO de la farmacia... y ahí, donde estábamos tan fresquitas había 32ºC. Así que afuera...
Desde el momento cero quedé maravillada con la exuberancia de la naturaleza. Por más que uno pueda imaginarlo, por más que te lo digan o hayas visto mil documentales... estar ahí, abajo de un enorme árbol o encontrarse frente a una planta que tiene unas hojas cuyo tamaño dobla el de tu cabeza, no tiene explicación posible. La sensación es totalmente sobrecogedora, casi mágica.

Esto es todo por hoy, próximamente vendrá Crucero. Parte II...
(De a poco, que los exámenes me requieren...)